El lacado de perfiles de aluminio es
otro de los tratamientos de superficie que, además de protegerle aún
más de la corrosión natural, permite obtener una gran variedad de
colores mates, brillantes, metalizados, etc., con los que los arquitectos
pueden disponer de un amplio abanico de posibilidades de obtener armónicos
conjuntos en fachadas e interiores. Esta técnica, posterior a la del
anodizado, empezó a adquirir un importante desarrollo a partir de los
años de la década de los 80.
El proceso de este tratamiento consiste
fundamentalmente en una limpieza previa de la superficie del perfil,
sumergiéndolo en un baño ácido o alcalino. Posteriormente se aplica
sobre la misma una capa de óxido de cromo que mejorará significativamente
la resistencia a la corrosión y permitirá un buen anclaje para la
aplicación posterior de la pintura. Finalmente el perfil es introducido
en un horno, llamado de polimerización, a una temperatura en torno
a los 200ºC, finalizando así el proceso de lacado.
Las pinturas más utilizadas son de
poliéster en polvo, que se aplican en la superficie de los perfiles
por medio de pistolas electrostáticas. Existen otro tipo de pinturas,
a base de resinas de fluoruros de polivinilideno, que garantizan hasta
una duración de cinco veces superior a las pinturas de poliester en
polvo.